miércoles, 3 de octubre de 2007

LA UNIVERSIDAD: PILAR CULTURAL PARA UNA SOCIEDAD DEMOCRATICA.

Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestras fantasías.

- Lenin-

Esta ponencia más que decir cual es el papel de la universidad y su obligación social, pretende hacer unas críticas al actual modelo y arrojar unos elementos al debate hacia la construcción de una universidad que realmente juegue un papel dinámico y crítico en la sociedad, que sea creadora de nuevos imaginarios, concepciones de mundo, y ayude a crear sueños donde la dignidad humana sea un elemento central para lograr transformar nuestra sociedad.

Para nadie es un secreto que las universidades juegan un papel importante en nuestra sociedad, tanto, que en esta ponencia nos atrevemos a decir que la universidad debe de ser el pilar cultural para una sociedad democrática. Es decir, que estamos diciendo ya, que hay que abrir el espectro de la función social de la universidad. Una de las primeras criticas al actual modelo, es que la universidad no debe de limitar su desarrollo y su producción académica al servicio del mercado, y estamos diciendo esto tanto para universidades privadas como públicas, porque más allá del mercado, estamos diciendo que la universidad ayuda a construir sociedades democráticas.

Pero si habamos especialmente de las universidades públicas, un componente central en la crítica es que el funcionamiento administrativo tampoco debe de ser regido por las leyes del mercado, es decir, mayor producción a menor costo, o por lo menos menor costo del Estado en este caso. Cuando hablamos de privatización de la educación pública, principalmente por parte de sectores del movimiento estudiantil, sindicatos y demás, se habla de que esta privatización seda por formas de auto-financiación por parte de las administraciones de las universidades públicas, obviando la discusión y la obligación social y moral del Estado en garantizar el acceso a la educación y de calidad académica.

Esta garantía es lo que denominamos público y no las distintas formas de subsidiar la educación por medio de créditos financieros, llevado ha que el Estado y las administraciones de las universidades públicas no se preocupes por mejorar la calidad académica, sino por mejorar la rentabilidad económica, negando la participación del conocimiento, y si miramos bien, hoy existen en Colombia algo más de 1’200.000 estudiantes universitarios en medio de una población juvenil entre los 14 y 26 años que casi alcanza los 10’000.000 según el último censo poblacional realizado. Del 1’200.000 estudiantes el 50% están matriculados en Universidades Públicas, y en la UTP alcanzando una cobertura de 10.876 Estudiantes de pregrado y postgrado. Esta es una muestra de la inmensa desigualdad que impera en nuestro país.

Pero cuando hablamos que el Estado debe de garantizar los recursos económicos para ser invertidos en educación, en este caso en las universidades, no solo decimos que es un problema financiero, sino que por el contrario, esto trae consigo repercusiones políticas, y digo políticas, porque si estamos diciendo que la universidad debe ayudar a construir una sociedad democrática, por lo tanto es necesario discutir y construir la democracia y la autonomía universitaria.

Si vamos a la definición etimológica de la palabra Democracia, encontramos que su definición es, Demos (δημοs) pueblo y Cratos (κρατos) poder, es decir, la participación del pueblo en el poder, que remitiría en el caso de la universidad, a la participación y decisión de la comunidad universitaria en su gran mayoría estudiantes en lo concerniente con la universidad.

Esto aplica tanto en materia administrativa como académica, y no la tergiversación acomodada que se le ha dado a la autonomía en las distintas universidades del país, y es decir que la autonomía universitaria reside en las administraciones de las instituciones, eso no es autonomía universitaria, eso es autonomía administrativa, como lo abría en cualquier empresa privada, pero como la universidad no es una empresa y ya hemos dicho que la universidad no debe de funcionar bajo las leyes del mercado. Lo que encontramos ahora, es un autoritarismo desde las administraciones de las instituciones de educación superior. Y en tanto hay autoritarismo no hay democracia, y la participación y toma de decisiones es restringida a ciertos espacios burocráticos, donde la participación del estudiantado, y principalmente estudiantes pertenecientes a sectores de izquierda, es visto como tener un espía en los espacios de toma de decisiones, llevando a que incluso las mismas elecciones de los representantes estudiantiles a los distintos cuerpos colegiados de las universidades, se haga mas por cumplir con una ley que por conocer las opiniones de los estudiantes con representación en dichos cuerpos colegiados.

Pero la autonomía en primera instancia pretende garantizar la toma de decisiones cuniculares, científicas, presupuestales y en el manejo de todo lo relacionado con el estamento estudiantil, garantizando por medio de la democracia la participación del estudiantado y de esta misma forma realzar y fortalecer la construcción de sujetos políticos por medio de la participación de la toma de decisiones.

La universidad entonces, obtiene un papel destacado en tanto es generadora de conocimiento científico y no se apropia de ningún dogma o verdad absoluta, y por lo tanto, es un espacio de generación crítica, donde la “realidad, el conocimiento, la razón, y el debate son criterios que orienten su accionar. Por ello requiere autonomía, entendida como la capacidad colectiva de autodeterminación y democracia como método para la adopción de hipótesis de trabajo y porque, debiendo formar para ella, no puede hacerlo en medio de su negación.”[1]

Pero en el debate de la universidad y de la reforma universitaria democrática, no basta decir, cual es la universidad que queremos, sino que para plantear un modelo de universidad alternativo, debemos de partir del análisis de que sociedad tenemos y cual es la universidad que necesitamos para superar las granes brechas sociales existentes hoy en día, para empezar la construcción ya no solo de una universidad democrática, sino también de una sociedad democrática, que logre superar los altos índices de indigencia, pobreza y desigualdad y superar la gran crisis humanitaria actual.

Si partimos de este análisis es necesario empezar enfrentar ciertas discusiones, ya no solo de acceso a la educación publica, sino también de la salud, y mas a un, cuando en estos últimos años el cierre de hospitales, incluso la misma reestructuración del seguro social, han llevado a que acceder a la salud hubiera pasado de ser una necesidad a ser un privilegio. Estos son dos elementos centrales en todo Estado o gobierno moderno, elementos que deben de ser de fácil acceso a la totalidad de la población.

En Colombia también hay que admitir necesariamente la existencia de un conflicto social y armado, es decir, que hay que plantear una solución política y negociada, donde los acuerdos humanitarios no sea un problema de relación fuerzas, de obstinación y terquedad de gobierno, sino un problema de la dignidad humana, que como gobierno debe de asumir su responsabilidad dentro de un conflicto con fuertes raíces históricas.

Pero como se trata de dar debates frente a que universidad necesitamos para que sociedad construir, para eso también es necesario analizar y poner en el tintero, la visión que han querido impregnar a las universidades públicas, y principalmente a sus dirigentes y organizaciones estudiantiles, por medio de señalamiento y estigmatizaciones. Esto demuestra que la concepción desde el Estado a las universidades es una concepción de desestabilización social, más que de avanzada cultural e intelectual. Incluso llevando a que la incursión de la fuerza pública sea mas frecuente y violenta, causando incluso la perdida de la vida a estudiantes universitarios, que ya llega a la suma de 6 en estos últimos dos años, por enfrentamientos con el estad o incluso la persecución y amenazas de grupos paramilitares.

John D. Bernal, decía que: “La mas trágica ironía de nuestra época es que nuestros mayores esfuerzos materiales e intelectuales están dedicados al mantenimiento de la miseria, la ignorancia y el temor” y para superar la crisis actual, es necesario entender que la universidad y sus estudiantes son generadores de conocimiento científico, de avanzada intelectual y cultural, todo ello en beneficio del propio avance de la sociedad a la que debe su existencia, lo que se refleja en el mejoramiento de las condiciones de vida espiritual y material de quienes la componen.

Por eso la invitación que hace la ACEU, es abrir un debate sobre la universidad, y sobre su carácter social sin olvidar que “La universidad… cumple un papel decisivo en el fortalecimiento del fundamento esencial de la sociedad que no es otro que la vida, por eso, cuando ella se dedica y dirige sus esfuerzos a objetivos distintos al perfeccionamiento de la vida, como por ejemplo a la imposición de la técnica como ultimo en el mundo de la modernidad, ‹universidad acrítica› ella se desdibuja, pierde su razón de ser”[2]

De esta forma abrimos el debate, hacia la construcción de una universidad crítica, creadora y transformadora, donde las ideas puedas mas que las armas y nuestras trincheras sean en medio del debate.



[1] CONDE COTES ALFONSO, Taller Revista de actualidad y análisis político. Nro 12. 2005. Pág. 102.

[2] Corte Constitucional, Sentencia N° C- 220/97,VI Consideraciones de la Corte.

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